Gráfico del mes Ee

La geografía sectorial del empleo en España

24 de junio de 2026

La creación de empleo continúa impulsando el crecimiento de la economía española en 2026 y, según los últimos datos disponibles de afiliación a la Seguridad Social, incluso se ha acelerado hasta el mes de mayo. Persisten, sin embargo, retos de gran relevancia relacionados con el desempleo estructural, la productividad, el envejecimiento demográfico o las dificultades de cobertura de vacantes en determinados sectores. 

En este contexto, más allá de la favorable evolución coyuntural del empleo, resulta igualmente pertinente detenerse en la dimensión estructural del mercado de trabajo. Presentamos por primera vez, en nuestro gráfico del mes de Ee, un mapa de la especialización sectorial del empleo por provincias en España, que permite identificar, a partir de los datos de afiliación a la Seguridad Social, la principal actividad económica en términos de afiliación en cada territorio y ofrecer una visión de la geografía productiva del país. 

El empleo en España mantiene, desde una perspectiva sectorial, una estructura claramente dominada por los servicios. Para el conjunto de la economía española, el comercio mayorista y minorista se situó hasta el mes de mayo de 2026, en términos anualizados, como la principal actividad económica en términos de afiliación, al concentrar el 15,9% del empleo total en los regímenes General y de Trabajadores Autónomos. Le siguen la industria manufacturera, con el 10,7%; las actividades sanitarias y de servicios sociales, con el 10,3%; y la hostelería, con el 9,1%. 

La distribución provincial del empleo muestra, sin embargo, una estructura más heterogénea, aunque con un claro predominio del comercio como principal rama de afiliación en buena parte del territorio. En concreto, el comercio constituye el sector con mayor volumen de empleo en 28 provincias, incluidas algunas de las que concentran una mayor población y volumen de ocupados, como Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Alicante y Málaga. Asimismo, en prácticamente todas ellas predomina el comercio minorista, con la excepción de Almería, única provincia en la que el comercio mayorista supera al minorista. 

Por su parte, la industria manufacturera aparece como la principal rama de empleo en 14 provincias, configurando un eje de especialización industrial especialmente visible en el norte y en buena parte del interior peninsular. Dentro de la industria manufacturera destaca la relevancia de la industria alimentaria, que presenta un peso preponderante en provincias como Albacete, Burgos, Cuenca, Huesca, La Rioja, Navarra, Palencia, Soria, Teruel y Toledo. En Álava y Vizcaya adquiere mayor relevancia la fabricación de productos metálicos; en Castellón destaca la fabricación de otros productos minerales no metálicos; mientras que en Valladolid y Zaragoza sobresale la fabricación de vehículos de motor. 

La hostelería figura como primera actividad de afiliación en las tres provincias insulares -Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas y Baleares-, lo que confirma la elevada especialización turística de estos territorios. Su peso también resulta especialmente significativo en otras provincias costeras con una fuerte orientación hacia la actividad turística, al situarse como la segunda rama de empleo en Cádiz, Málaga y Alicante. 

Por último, en las provincias de Ávila, Cáceres, Salamanca y Zamora las actividades sanitarias y de servicios sociales constituyen la principal rama de afiliación, mientras que en la ciudad autónoma de Ceuta la Administración pública y defensa se sitúa como la actividad con mayor empleo y ocupa la segunda posición en Melilla, reflejando una especialización institucional particularmente acusada. 

Este ejercicio, aun sujeto a limitaciones -por ejemplo, en las provincias menos pobladas, donde el peso de una gran instalación industrial o de una actividad concreta puede condicionar significativamente los resultados, frente a las provincias de mayor tamaño, en las que predominan sectores más transversales como el comercio-, proporciona una fotografía valiosa de la distribución territorial del empleo en España, cuya evolución resultará especialmente interesante seguir en los próximos años. 

Todo ello adquiere una relevancia adicional en un contexto marcado por importantes desafíos estructurales que podrían alterar la geografía del empleo, como el envejecimiento de la población, los flujos migratorios, las necesidades de relevo generacional o el impacto de la inteligencia artificial. Más allá del debate sobre su capacidad para destruir o generar empleo, esta transformación tecnológica previsiblemente modificará tareas, ocupaciones y modelos productivos, con efectos potencialmente relevantes sobre la especialización sectorial de los distintos territorios. 

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