El reto de conectar el ahorro con la inversión productiva.

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España bate récord de ahorro en 2025. 

El sector privado español emprendió un proceso de desapalancamiento tras la Gran Recesión que comenzó en 2008, para hacer frente a la crisis y en un contexto de regulación más estricta para la concesión de créditos. Proceso que se prolonga hasta la actualidad. España ha alcanzado su récord de ahorro en 2025: se situó en el 24,5% del PIB (405.000 millones de euros) en términos anualizados en el tercer trimestre de 2025.  

Más de la mitad de este ahorro lo han acumulado las empresas no financieras, cuya ratio sobre el PIB asciende al 14%, seguidas de los hogares con el 7,8%. 

La brecha entre el ahorro y la inversión. 

Frente a los elevados niveles de ahorrola inversión continúa en niveles más moderados pese a su mayor dinamismo reciente, y se sitúa en el 20,6% del PIB, cuatro puntos por debajo (ver gráfico 1).  

Esta brecha es especialmente acusada en el caso de los hogares, cuya diferencia asciende a 3,2 puntos del PIB, aunque también supera el punto porcentual en el caso de las empresas. 

 

GRÁFICO 1. EVOLUCIÓN DEL LAS RATIOS DE INVERSIÓN Y AHORRO SOBRE EL PIB EN LA ECONOMÍA ESPAÑOLA.  

 

 

Fuente: Equipo Económico (Ee), datos INE. 

 

La inversión productiva menos dinámica, pese a operar la industria a alta capacidad. 

La brecha es superior si se considera la inversión productiva excluyendo a la inversión en vivienda, que representó el 14,8% del PIB, niveles muy similares a los registrados antes de la pandemia a pesar del mayor dinamismo del actual ciclo expansivo, y por debajo del promedio de la Unión Europea (16,1%).  

Además, pese a que es la que tiene un mayor impacto sobre la productividad, la inversión realizada por las empresas es la que muestra un menor dinamismo, habiendo crecido tan sólo el 2,1% desde la prepandemia.  

Todo ello contrasta con una industria española que opera con niveles de utilización de capacidad superiores al 80% según la Comisión Europea, porcentaje superior al promedio de la Unión Europea (77,4%) y que apunta a una necesidad de inversión en sus procesos productivos para garantizar la sostenibilidad de la producción industrial.  

Los fondos europeos impulsan la inversión pública, con dudas sobre su sostenibilidad. 

Por el contrario, gracias a los fondos Next Generation EU, la inversión pública acumula un crecimiento de casi el 50% desde 2019. El contraste entre ambas dinámicas apunta a un efecto tractor de la inversión pública sobre la privada inferior al esperado.  

En todo caso, el mecanismo a través del cual se canalizan los fondos europeos finalizará en la segunda mitad de 2026, lo que abre asimismo interrogantes sobre la sostenibilidad del impulso inversor público. 

Las relevantes consecuencias de la baja inversión.  

La reducida inversión interna, en contraste con la elevada tasa de ahorro, sugiere que una parte significativa de los recursos generados a nivel doméstico fluye hacia el exterior y no se destina a la acumulación de capital productivo. 

La insuficiente inversión interna limita el crecimiento de la productividad y de la renta per cápita, mientras pone en duda la sostenibilidad del crecimiento económico frente al complejo contexto geopolítico global. 

Necesidad de un marco institucional y regulatorio estable para impulsar la inversión. 

Queda así patente que la economía española no presenta un problema de escasez de ahorro, sino de falta de capacidad para canalizarlo hacia inversión productiva interna.  

El reto para las políticas públicas reside en buscar un equilibrio entre la resiliencia que proporciona una posición financiera saneada del sector privado y un saldo exterior positivo, y el necesario impulso al crecimiento potencial y a la renta per cápita que derivaría de una mayor inversión.  

Para ello, será clave mejorar la rentabilidad ajustada al riesgo de la inversión doméstica, promover una inversión pública más productiva con mayor efecto tractor sobre la privada, reforzar la colaboración público-privada en el desarrollo de infraestructuras estratégicas y, sobre todo, poder contar con un marco institucional y regulatorio estable, y con una fiscalidad favorable a la inversión. 

En este contexto, y con el objetivo de adaptarse a un entorno cambiante, las compañías están reforzando sus capacidades de análisis y anticipación estratégica para mejorar la toma de decisiones. Al mismo tiempo, buscan fortalecer su resiliencia frente a riesgos y generar valor mediante el aprovechamiento de las oportunidades que surgen en escenarios cada vez más complejos y de rápida evolución.  

 

José María Romero Vera 

Director – Área económica e internacional, Equipo Económico (Ee). 

Jorge Vindel González

Analista económico senior – Área económica e internacional, Equipo Económico (Ee). 

Félix Escobar Gómez

Analista económico – Área económica e internacional, Equipo Económico (Ee).