Este sitio Web utiliza cookies propias y de terceros que analizan el uso del mismo con la finalidad de mejorar nuestros contenidos y su experiencia como usuario.
Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.

OK

Blockchain. Una revolución tecnológica con un futuro prometedor.

Compartir.

Blockchain. Una revolución tecnológica con un futuro prometedor.

  • Por Cristina Ruiz López
  • 09 de abril de 2018

En la actualidad todo el mundo da por sentado que Internet cambió nuestra sociedad por completo. Pero cuando Timothy John Berners-Lee, un científico británico, creó en diciembre de 1990 la primera página web de la historia, nadie hubiera imaginado que esa sería la base del e-mail, del comercio electrónico, Facebook, WhatsApp, y otros tantos servicios digitales. De manera similar hoy nos encontramos ante un fenómeno disruptivo que aspira a revolucionar la sociedad en diversos ámbitos: Blockchain.

El concepto de blockchain o cadena de bloques se aplica por primera vez en el año 2008, y es una tecnología que permite crear transacciones seguras, privadas, de forma fiable y sin intermediarios utilizando sistemas criptográficos. En esencia, blockchain es una base de datos distribuida que funciona como un gran registro de contabilidad en donde se anotan todas las transacciones o datos ordenados en el tiempo, que se almacenan de una manera segura y sin necesidad de un intermediario que identifique y certifique esta información. Al utilizar claves criptográficas y al estar distribuida por muchos ordenadores (personas independientes entre sí que la registran y la validan sin necesidad de que haya confianza entre ellas) presenta ventajas en la seguridad frente a manipulaciones y fraudes. Una vez introducida la información ésta no puede ser borrada, sólo se podrán añadir nuevos registros.

A día de hoy, la realización práctica más conocida de la tecnología blockchain la encontramos en la moneda virtual Bitcoin, la cual se puede definir como una unidad de pago autorregulada sin referencia física ni respaldo de un país, que preserva el anonimato de sus propietarios, y cuyas transacciones se realizan a través de internet mediante códigos cifrados y confirmados de manera múltiple por los propios integrantes de la red mediante la referida tecnología blockchain.

Algunos Estados han relacionado la figura del Bitcoin con la delincuencia, sobre todo con el blanqueo de capitales. En este sentido, el hecho de que no exista una autoridad estatal que refrende esta moneda virtual, como sería el caso normal, y la carencia de vínculos con el sistema bancario supone la falta de información directa de estos entes de las operaciones que se realizan con Bitcoin y esta opacidad puede ser aprovechada para cometer ilícitos tanto administrativos como penales.

Es por ello que, recientemente, la Agencia Tributaria, tras las recomendaciones publicadas por organismos como la CNMV o el Banco de España alertando sobre los riesgos de invertir en este tipo de monedas virtuales y otras divisas digitales, ha comenzado a reclamar información a más de 60 entidades -bancos, intermediarios como las casas de cambio y otras empresas- con el fin de averiguar con más profundidad sus operaciones con estas divisas que tanta polémica generan debido, principalmente, a su falta de regulación.

No obstante, a pesar de la incertidumbre que rodea a estas monedas virtuales, lo cierto es que blockchain se ha convertido en una herramienta que representa mucho más que un efectivo método de asegurar las transacciones monetarias con bitcoines. En sí, como cualquier tecnología o herramienta, blockchain no sirve de nada. Es sólo cuando se aplica a entornos concretos con aplicaciones reales cuando aparece su incuestionable utilidad presente y futura.

Así, por ejemplo, esta tecnología podría desempeñar un papel fundamental y crucial en las empresas dedicadas al sector de la alimentación, en relación con aspectos relativos a la seguridad de la cadena de conservación de los alimentos en distribución. De esta forma, se podría llegar a mantener un registro del origen de un producto y saber así su procedencia y por dónde ha pasado.

Otro posible uso de blockchain sería para registrar y programar contratos inteligentes o Smart Contracts, esto es, contratos con capacidad de auto-ejecutarse sin intermediarios, para que si se cumple una condición (verificable por un sistema informático) se realice una cierta operación. Por ejemplo, si un pasajero tiene un billete de avión con seguro de reembolso y finalmente no embarca en su vuelo, recibirá directamente la cantidad acordada en el contrato con su aseguradora porque existe un contrato inteligente. Este sistema reduciría costes, aceleraría el procedimiento y generaría una experiencia de usuario totalmente satisfactoria. Esta misma idea podría ser aplicada a sectores como el de las operadoras de teléfono, alquiler de coches y muchos otros servicios.

Otras aplicaciones posibles serían las relacionadas con el mundo de la banca y las finanzas. Incorporar blockchain a las transacciones bancarias añadiría seguridad, fiabilidad y la eliminación de intermediarios, reduciendo de esta manera tiempos de proceso, fraudes, mejorando la eficiencia y, sobre todo, reduciendo los costes.

Estos son solo algunos ejemplos de aplicaciones del blockchain, pero ya hay una cosa clara: cualquier industria que use bases de datos centralizadas que sean alimentadas por diferentes fuentes podrá ser una potencial beneficiada de los avances de esta tecnología que aspira a convertirse en una revolución digital.

Aunque la naturaleza distribuida de blockchain lo convierte en un sistema muy seguro para cualquier tipo de transacción, su punto débil, no obstante, sigue siendo la falta de regulación que está haciendo que muchas empresas reflexionen en torno a ella. Para muchas, el empleo de esta tecnología supone un gran ámbito de oportunidad ya que pueden realizar transacciones en diferentes ámbitos y sectores sin depender y sufragar los costes de terceros de confianza. Sin embargo, para otras empresas supone una amenaza que lleva consigo una reflexión sobre cómo beneficiarse de la tecnología para poder agilizar y economizar sus transacciones, y por otro descubrir qué valor aportar a sus clientes habituales más allá de la propia intermediación.

En cierta manera, la tarea más compleja a la que blockchain como tecnología ha tenido que hacer frente es la de ser capaz de separarse de la complicada herencia que la vincula con la moneda virtual Bitcoin y ver cómo era rápidamente adoptada para aplicaciones de todo tipo. Y es que la existencia de una criptomoneda no es simplemente complicada en apariencia, sino que, además, cuestiona como tal la esencia de algo tan central en nuestras vidas como el dinero.

Para muchos, la cadena de bloques junto con los nuevos desarrollos digitales (Big Data, Inteligencia Artificial, etc.) formará parte de la siguiente revolución digital. La historia muestra que a veces aparece algo disruptivo para la economía y la sociedad. Todo indica que blockchain es, hoy, uno de esos fenómenos.

 

Cristina Ruiz López
Analista
Fiscalidad empresarial y patrimonial

Dejar un comentario

 
 

Suscríbete a nuestro BLOG