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Siete ejes para la estrategia empresarial en 2020 y 2021.

Autor: José María Romero Vera y Marta Otero Moreno - Expansión

Fuente: Expansión

09 de enero de 2020

La percepción general sobre la situación de la economía española se ha vuelto más pesimista en los últimos meses. Así lo pone de manifiesto el menor nivel de confianza de las familias, que medido a través del Indicador de Confianza del Consumidor ha mostrado las cotas más bajas del quinquenio, así como el interés por las búsquedas en Google de términos asociados a contextos económicos desfavorables, tales como “crisis” o “despido".

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La percepción general sobre la situación de la economía española se ha vuelto más pesimista en los últimos meses. Así lo pone de manifiesto el menor nivel de confianza de las familias, que medido a través del Indicador de Confianza del Consumidor ha mostrado las cotas más bajas del quinquenio, así como el interés por las búsquedas en Google de términos asociados a contextos económicos desfavorables, tales como “crisis” o “despido". A ello han contribuido elementos externos como la guerra comercial y el Brexit, pero también internos, como la falta de gobierno estable y la situación en Cataluña. Es cierto que la desaceleración de la economía española es mayor de lo que se estaba estimando a mediados del año pasado, sin embargo, la producción agregada sigue creciendo, con un incremento interanual del PIB en torno al 2%, y lo hace claramente por encima de la media europea.

En este contexto, en Equipo Económico estimamos que el PIB español habrá cerrado 2019 con un crecimiento del 2,0%, y que avanzará el 1,8% en 2020 y el 1,5% en 2021, bajo un estricto y teórico condicionante de mantenimiento constante de la política económica. Cambios políticos de calado, como la reciente formación de Gobierno, ya de por sí generan expectativas en los mercados e impactan en las decisiones empresariales y familiares y, por tanto, en el conjunto de la economía. No obstante, para analizar con la necesaria profundidad los efectos económicos habrá que esperar hasta que se plasmen en las próximas semanas y meses en medidas concretas de política económica, fiscal y presupuestaria.

Mientras tanto, las empresas vienen incorporando en sus modelos de negocio y en sus respectivos planes de contingencia la mayor incertidumbre a la que se enfrentan en los últimos tiempos el discurrir de la política económica. Con la necesaria cautela para poder afrontarla, se trata de posicionarse en base a las previsiones actuales y las certidumbres que existen en el marco económico. En este sentido, destacamos a continuación siete ejes, con el objetivo de contribuir a la adaptación de la estrategia empresarial a la situación económica actual.

En primer lugar, como ya hemos apuntado, el escenario base para los dos próximos años es de crecimiento de la demanda. Si bien hay que asumir también que nos encontramos en una fase de desaceleración del ciclo, por lo que resulta asimismo esencial replantearse la estructura de costes, márgenes y financiación.

En segundo lugar, el consumo seguirá creciendo. Por un lado, el gasto de los hogares continuará arrojando tasas positivas, aunque menores que en años pasados. Existen además determinadas pautas que continuarán modelándolo en los dos próximos años, de carácter fundamentalmente económico, demográfico, digital y generacional, que habrá que tener en cuenta, siendo escaso el margen para subir precios de forma general. Por otro lado, también el consumo público mantendrá su tendencia creciente.

En tercer lugar, los tipos de interés seguirán en niveles reducidos por un periodo prolongado de tiempo. En este sentido, sigue siendo un buen momento para impulsar las inversiones necesarias a largo plazo. A este respecto hay que señalar que los aspectos medioambientales van a cobrar mayor protagonismo en las condiciones de acceso a la financiación. Por otro lado, el dilatado contexto de bajos tipos de interés conduce a la intensificación de búsqueda de la rentabilidad empresarial, aunque se constata la necesidad de que la estrategia equilibre rentabilidad y la cobertura del riesgo.

En cuarto lugar, en un contexto de tipos de interés e inflación reducidos, la fiscalidad toma mayor importancia en la estructuración de los proyectos empresariales. Dado que la tributación es una de las cuestiones que se ve afectada por una mayor incertidumbre derivada de la futura política económica podría resultar positiva la simplificación de estructuras empresariales.

En quinto lugar, frente a la disrupción tecnológica y la situación en el ciclo económico, resulta clave contar con unos recursos humanos capaces de atraer y retener a los mejores, y que permitan la adaptación al continuo cambio. Las empresas han de plantearse también si cuentan con los perfiles de RR.HH. que van a necesitar en el medio plazo.

En sexto lugar, dada la significativa presencia de las micro-pymes en la economía española, sería deseable impulsar los mecanismos de cooperación empresarial y mantener la apuesta por los mercados exteriores, que tan buenos resultados ha dado en los últimos años.

En séptimo y último lugar, en un entorno de mayor incertidumbre las empresas han de monitorizar atentamente los indicadores económicos, así como los cambios en el marco regulatorio, con el fin de revisar con regularidad los diferentes escenarios de actividad, y poder de esta forma fundamentar la estrategia en el medio plazo y preparar planes de contingencia en caso de materialización de determinados riesgos. Asegurar estrategias alternativas antes de que se materialicen tales riesgos permite mitigar antes sus efectos y adaptarse mejor al nuevo entorno.

Al igual que en la empresa, donde la implementación y el diseño de una estrategia adecuada resulta fundamental para potenciar o garantizar el crecimiento a medio plazo, a nivel agregado, el diseño de las políticas económicas y los mensajes emitidos por parte del nuevo Gobierno jugarán un papel determinante. Las reformas, bien trazadas e implementadas podrían permitir el alargamiento del ciclo actual y del periodo de expansión, mientras que un diseño erróneo de las mismas o la adopción de contrarreformas que lastren la competitividad de la economía española llevarían a que la economía española se enfrentase a una corrección más abrupta. Esto es aún más importante cuando la percepción general, más pesimista, dista de la fotografía económica actual más positiva que ofrecen los datos y los fundamentos, ya que, de mantenerse en el tiempo, acaba impactando seriamente en la actividad.

 

José María Romero Vera. Director del Área económica. Equipo Económico.

Marta Otero Moreno. Economista senior. Equipo Económico.

 

Para más información pueden contactar con el área de comunicación de Equipo Económico:

Antonio Polo
antoniopolo@equipoeconomico.com
+34 91 299 37 85 / 87